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Dentro de Guatemala.

Sentada en cuclillas en la noche oscura. El motivo, mi incapacidad de usar la letrina aquí en Poité, Guatemala. La lluvia no es ya lluvia sino un sin cesar de cubos de agua sobre mí. La tierra no es casi tierra sino infinidad de insectos con un tamaño doble del que estoy acostumbrada a ver.

Ahí, nada parece más absurdo que verme a mí. Ahí es donde percibo la pérdida total de la simbiosis del ser humano occidental con la naturaleza. Los pensamientos en un momento así son extraños, nunca los tengo en casa. Mi cuerpo pierde la importancia que para mí tiene mi cuerpo en casa. Aquí, en cuclillas, la naturaleza me invade y a la vez me deja libre. Todo lo que en algún momento me importó pierde la importancia bajo esta lluvia y sobre estos insectos.

Aquí La Naturaleza se debería escribir con mayúsculas.

Cuando crees que has cruzado la frontera de Guatemala para empezar el segundo tramo de este viaje, te das cuenta de que empiezan un serie de fronteras que no son físicas pero que también es necesario pasar. La frontera de la seguridad, la religión, la del confort, la de la alimentación, los derechos como ser humano, la higiene, la frontera tan marcada de la diferencia de sexos e incluso y aunque no lo esperáramos la del idioma.

Podríamos decir que una de las virtudes que tiene el viajar es esa, el pasar fronteras, unas escritas en un mapa y otras , las más, fronteras no escritas, esas que solo percibes una vez ya estas dentro. Podríamos decir que uno de los inconvenientes que tiene viajar es el mismo, el pasar fronteras.

Ya estás dentro y la seguridad es otra, estado de sitio decretado en la zona que vamos a visitar. Ya estás dentro y la religión lo invade todo, nuestro primer café a las 6 de la mañana coincide con la curiosidad de Fernando en saber que opinamos de la creación del mundo y de Adán y Eva. Ya estás dentro y el confort de la noche es una hamaca colgada de la pared en el almacén de cacao de la cooperativa, no hay camas ni habitaciones. Ya estás dentro y la alimentación son juncos, flor de jengibre, frutas con nombres que para mi parecen palabras nunca escritas, aprendidas por transmisión oral, ellos me dicen ¿cómo es posible que no las conozcas?. En mi país: manzanas, uvas y naranjas. Ya estás dentro y los derechos adquiridos por el simple hecho de ser humano se diluyen, a veces desaparecen y otras al contrario se multiplican. Ya estás dentro y la higiene deja de ser algo estricto, organizado en los días de la semana y privado, nuestro cuerpo sucio no lo es tanto, nuestra ropa embarrada no molesta. Ya estás dentro y la diferencia de sexos y tareas está bien delimitada, nosotros deambulamos entre los dos sexos y sus tareas: la cocina, el campo… Ya estás dentro y el idioma no es el castellano que trajeron hace más de 500 años los españoles. Aquí se habla quetxí.

Una cosa sí, ya estás dentro y de nuevo eres visto como un acontecimiento, una fiesta o una oportunidad para resolver mil dudas, como dato una de las dudas de Felipe cuestionadas a las 6 de la mañana andando hacia la plantación: ¿si hubiera una guerra entre China y EEUU quién ganaría?.

Ahí queda.


Fotografía ©IvoRovira-AnaPonce

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2 Comments

  • Marco Antonio Mijangos
    2 semanas ago

    La magia de cruzar fronteras, es cierto tanto por conocer que no reparamos cuando pensamos en viajar, pero sin duda es un aprendizaje constante y un salir de la zona a la que estamos habituados. Se vive cuando a cada instante descubrimos nuevas maneras de ver lo mágico de la vida. Saludos y bendiciones totales amigos, en cada paso que dan en este mundo y gracias por transmitir tanto !

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