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Arcilla figurativa o abstracta

“Rasga y cuartea, recorre la arcilla marrón rojiza poco o nada sofisticada con los poco o nada sofisticados pinceles de fortuna que se ha vuelto a inventar: su cuerpo y sus cepillos. Nada de pintura aquí, nada de pinceles y paletas que tradicionalmente pueblan el estudio de un artista. Quizá porque esto no es el estudio de un artista”. Periódico “El País”, artículo sobre Miquel Barceló. 27 febrero 2016.

Quizá porque no estamos en las tripas de la Biblioteca Nacional de París, esto no es un fresco de arcilla. Esto es un rostro protegiéndose del sol.

Estamos en el valle de Sambirano, en Madagascar, en el interior de una plantación de cacao. A nuestro alrededor no hay cristal ni hormigón ni madera junto al Sena. Nos rodean árboles de cacao, hojas, frutos, insectos y agua. Cuando el barro de su cara se seca queda así formando pequeñas manchas o dibujos, la arcilla es un protector solar extraído de la propia tierra. Arcilla efímera que la mujer repondrá una y otra vez conforme el sudor la vaya borrando de su rostro. Las gotas que caen por su pecho nunca son transparentes, son marrón arcilla.

Lejos de las vidrieras de París y de sus dibujos figurativos, esto no es un fresco, es un rostro. La mujer no dibuja ni garabatea, simplemente esparce la arcilla con ánimo de protegerse del sol.

Primitivo arte en bruto el de los dos, el de Miquel en París y el de la agricultora de cacao en Madagascar.

Miquel buscaba dibujos imperfectos en una cristalera, ella proteger su rostro del sol. Manos y arcilla para ambos. Efímeros los dos. Figurativo y abstracto.

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