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Un viaje por China en 7 capítulos.

Un viaje por China en 7 capítulos.

 

Capítulo 1: El dinero.
Decidimos emprender nuestro viaje de dos semanas por China tal como lo hacemos normalmente. Sin ayuda tecnológica, sin guía, sin datos. Únicamente partíamos con un itinerario decidido previamente, en el que íbamos a recorrer una parte de la China imperial y monumental. Nada más llegar a Shanghai en vuelo directo desde Barcelona, cogimos un segundo avión rumbo a Beijing o Pekín, como lo llamamos en España. Llegamos ya entrada la noche y con un taxi nos dirigimos a una pensión muy cerca de la Plaza de Tiananmen que habíamos reservado previamente. Al día siguiente, cansados y con los ojos aún semicerrados salimos al mundo exterior. Primera sensación: Calor, mucho calor. Después vino el bullicio de la gente andando, en coche o en moto que recorría la calle. El olor a comida fermentada, a sopa, a fruta madura nos hizo acabar de despertarnos del todo. Ya estábamos en China. Ya habíamos llegado o eso pensábamos.
Nuestra primera misión del día: Cambiar Euros a Yuanes. No nos quedaba ni un yuan de los 238 que nuestra amiga cocinera Marike, nos había prestado de su último viaje. Entramos en el Bank of China, sonrientes, con nuestros pasaportes y un fajo de billete de 50 Euros en la mano. Ni hao! le decimos al vigilante de la puerta… Ni hao! nos responde para proseguir con una verborrea china de la que , obviamente, no entendimos nada. Sorry! We don’t speak any chinese. English? French? Spanish? Silencio absoluto. En eso, el director o encargado de la oficina se acerca a nosotros para entender qué es lo que necesitamos. Tampoco habla inglés. Ni una palabra. Le enseñamos los billetes de Euro pronunciando la palabra Yuan. Yuan! Yuan! Change. Euro to Yuan!
Silencio total en la oficina, miradas impotentes de todos los presentes hasta que, pasada una media hora, un cliente o empleado…se acerca con su móvil. Acababa de descargarse una app traductora del chino al inglés y viceversa. Se escucha una voz femenina, con un accento muy peculiar que pronuncia: ¿De dónde vienen ustedes? España, Spain respondemos… Xībānyá pronuncia la voz en chino. Ah!!!! Xibanya repiten todos a la vez. ¿Y qué quieren? Queremos cambiar Euros a Yuan. Queremos cambiar dinero.
El director coge nuestro dinero mirando los billetes con atención de uno en uno. Repite la operación dos veces más. Ya ha pasado una hora. Al cabo del tercer recuento se dirige decidido a su oficina y toma el auricular de su teléfono para hablar con alguien.
Nos sentamos en la zona VIP del banco, “literal”, y esperamos durante una hora hasta que aparece un mozo cargado con una máquina y la deposita en el escritorio del director. Éste, desenchufa todas las otras máquinas para acabar de enchufar la nueva. 20 minutos más. Nos hace un gesto, nos acercamos, y coloca los billetes en la máquina. Rrrrrrrrrrrr. La máquina cuenta por dos veces el dinero para posteriormente soltar una especie de láser en ellos. A esas alturas ya estamos curados de espantos…y esperamos pacientemente hasta que comprueben que los billetes no son falsos. Resumiendo: 3 horas y media para cambiar 700 Euros. Más vale traer el dinero cambiado desde casa. Y por cierto: 1 Euro equivale a 7,3 Yuanes.

Capítulo 2: La Capital
Volvemos después de pasar toda la mañana en el banco a nuestra pensión cuando el olor a comida nos despierta nuestros instintos más básicos y nuestros estómagos empiezan a rugir. Vemos un pequeño restaurante de calle, con unas tres o cuatro mesas y entramos decididos. La camarera, sin aparentar ninguna sorpresa al ver a dos europeos sentados en su mesa nos acerca la carta.
Todo está en chino. No hay fotos y la carta contiene más de 100 platos diferentes. Miramos a nuestro alrededor. El restaurante está vacío. Muertos de hambre señalamos tres platos y esperamos a ver si el azar nos va a sonreir o no. A los pocos minutos nos llegan dos boles de sopa, con multitud de tropezones indescriptibles con fideos de arroz y un plato de carne de cerdo muy especiado. Ahora sí que estábamos en China.
Con el estómago lleno, cargados con nuestras cámaras y un plano de Beijing, nos dirigimos andando hacia la plaza de Tiananmen, junto a la cual se encuentran muchos de los monumentos y lugares que deseábamos ver. La Ciudad Prohibida, el Museo Nacional de China, el panteón de Mao Tse Tung…
Seguimos la riada de chinos que se dirigen hacia el norte hasta llegar a una especie de embudo, con vallas para convertir el flujo humano en una fila ordenada de gentes que avanzan lentamente con el DNI en la mano. Sacamos nuestros pasaportes y llegamos hasta un control similar al de los aeropuertos en el que comprueban la identidad y el equipaje de cualquiera que quiera acercarse a la zona de Tiananmen. Pasado el control intentamos entender cómo llegar hasta el Museo Nacional. Después de varias idas y vueltas, nos encontramos ante un nuevo control que nos acerca a la entrada del museo. Gigantesco, gratuito y repleto de obras que abarcan los 5000 años de historia de China, muestra sus piezas y tesoros más relevantes así como una colección de óleos que muestra la historia más reciente de china, desde la guerra con Japón hasta la actual. Fue nuestro primer Gran contacto con la grandeza China. Fue realmente apabullante.

De regreso al hotel, aún apesumbrados por lo visto, salimos del embudo sin darnos cuenta y seguimos nuestro camino sin apenas mirar el mapa. Unos 4 kilómetros andando por calles repletas de restaurantes, colmados y tiendas, nos permitieron entender la magnitud de esa ciudad y lo diferente que era ese país de cualquier otro que hayamos visitado anteriormente.

Beijing es muy interesante. Visto con la perspectiva que tenemos ahora, en casa desde hace una semana, podemos decir que sin Beijing, China tendría un atractivo histórico-cultural y monumental muy reducido si Beijing no fuera la que es.

Al día siguiente, bien descansados volvimos a recorrer el camino del día anterior, pasando un tercer control al llegar a proximidad de la Ciudad Prohibida. Un muro de color granate de unos 5 metros de altura recorre todo el perímetro del monumento encerrando en su interior esa ciudad que ha sido la residencia durante 500 años de Emperadores y de sus cortes. Un recinto que fue el escenario de la película “El último Emperador” de Bertolucci.
Siguiendo la fila humana de centenares de turistas chinos, llegamos hasta la Entrada principal. Un cuadro retrato de Mao Tse Tung preside la gran puerta de la ciudad, protegida también por militares y policías engalanados, que le dan un aire solemne al acontecimiento. La Ciudad Prohibida es grandiosa. Cuando cruzas el tercer templo o edificación principal y crees que estás llegando al final, viene otra y luego otra más. Tardamos 4 horas en cruzar transversalmente la ciudad. Un viaje al pasado y al cinema repleto de turistas chinos vestidos de chinos. Como fotógrafos que somos le vimos a esto, un buen tema con el que jugar, ya que iba a ser imposible capturar imágenes evitando a la gente. Los turistas chinos, que contemplan durante sus vacaciones la historia de China, iban a ser parte primordial de nuestra historia en China.
Después de comer otro Hotpot, cogimos el metro , ultra moderno, y nos dirigimos hacia el Summer Palace. El Palacio es hoy en día un extenso parque de casi 300 hectáreas, a orillas del lago Kunming repleto de residencias, teatros, pagodas, muelles. Paseamos durante horas por sus parques y lagos hasta encontrarnos con un hombre armado de una especie de violoncello tradicional tocando a orillas del lago. Fue realmente la primera visión del algo 100% bello que tuvimos durante el viaje. El hombre, su ropa, la quietud, la luz, la música… Ahí había una fotografía. Faltaban varios parques y templos más pero sobretodo ir a La Gran Muralla de China.
Un bus local que sale cada 30 minutos cerca de nuestro hotel nos llevó directos y muy facilmente a Badaling. La zona que dicen más bella para recorrer la muralla pero que a la vez es la más turística.
Subimos en teleférico hasta el acceso a la muralla. Diréis quizás, que deberíamos haber subir a pie. Pero la verdad es que hay que darse pequeños lujos a veces. 34º de temperatura y el cansancio ya acumulado ayudan también.
Podemos decir “Yo estuve allí” pero no es uno de los grandes recuerdos que nos traemos con nosotros.
3 días y medio después de aterrizar cogemos un tren litera nocturno y viajamos durante la noche hasta Datong.

 


Capítulo 3: Pasado, Presente y Futuro.

En nuestro compartimento había dos literas así que lo compartimos con una mujer mayor y una chica joven que no se conocían. No me voy a alargar en nuestro viaje, pero puedo decir que no fue todo lo confortable y agradable que nos hubiese gustado. Pero llegamos a nuestro destino muy pronto en la mañana. Ya hacía calor y fuera, esperaban 50 taxistas gritando en busca de pasajeros que al vernos, se abalanzaron corriendo y chillando en nuestra dirección. Un guarda de seguridad los calmó facilmente, y nosotros, un poco al azar, señalamos hacia el que nos había parecido chillar menos.
La verdad es que fue un acierto y junto a él fuimos a visitar varios de los monumentos que se encuentran a las afueras de la ciudad.
En Datong probamos de verdad la riqueza de la gastronomía China. Es temporada alta de cangrejo de río y de marisco. Nos pusimos las botas, aunque como siempre demasiado picante para nosotros. Aún así comimos durante las tres cenas que vivimos, gran parte de las especialidades de la región muy bien cocinadas.
Datong nos permitió reponer fuerzas, visitar dos lugares increibles que luego contaré, pero sobretodo, nos mostró de forma casi violenta, el valor que tiene el patrimonio histórico de las ciudades en la China actual. Ninguno.
Datong es una ciudad pequeña que debió ser muy tradicional en su arquitectura que tiene un casco antiguo precioso pero casi en su totalidad rehecho. Casas y construcciones de madera, muy bien realizadas conviven con los pocos templos que se han salvado de la quema. Quedan los más importantes. Y cuando sales del centro más centro estás rodeado de esqueletos y ruinas de la que fue la ciudad más vieja en la que vivía la gente. A través de las ventanas sin cristales de las pocas edificaciones que quedan en pie, se vislumbran las grúas y los rascacielos. Mires donde mires, un nuevo país vertical se levanta ante nosotros.
Caminamos durante todas las tardes por ese esqueleto de ciudad en el que aún habitaban algunos vecinos. Qué forma más literal y brutal de contemplar el futuro que se avecina a toda velocidad. China no se anda con tonterías y antepone a su historia pasada, su presente y sobretodo su futuro.
Pese a todo esto, la parada en Datong fue genial. Ya nos sentíamos más cómodos viajando por China y pudimos visitar dos lugares para guardar en la mente. El monasterio colgante de Xuan Kong Si, pero especialmente las grutas de Yungang. Hace más de 1500 años se excavaron un total de 252 cuevas a lo largo de un kilómetro de ancho, las cuales fueron decoradas con más de 50.000 estatuas de Buda y Bodhisattvas. Impresionante. Después de Bagán en Birmania, no habíamos contemplado tal magnificiencia del arte budista.
Al tercer día, después de pasear por la ciudad buscando templos aún no visitados nos dirigimos a la estación de autobuses para coger el bus de las 14h30 hacia Wutaishan, “la montaña de las 5 mesetas”, lugar sagrado del budismo chino.

 

Capítulo 4: La buena gente.

Llegamos a la Bus Station de Datong con tiempo suficiente para poder comprar el billete a Wutaishan y sortear todos los problemas de comunicación que pudiésemos encontrar. En nuestra pensión, la recepcionista nos había escrito en chino el nombre de nuestro destino. Así que no debíamos tener más problemas que los acostumbrados.
Sin embargo, nada más entregar el papelito a la taquillera de la estación, vimos que moviendo su cabeza de un lado para otro, nos devolvía el papelito pronunciando palabras incomprensibles para nosotros. Ana y yo aún perplejos, salimos al exterior del edificio intentando recomponer nuestro plan de viaje. Que no habían buses esa tarde hacia Wutaishan, lo habíamos captado. El porqué y sobretodo, el cómo llegar hasta la montaña sagrada para poder proseguir con nuestro itinerario, era una total interrogación. De lejos vimos una parada de taxis. Media hora más tarde teníamos un precio cerrado para llegar a nuestro destino. 700 Yuanes. Casi 100 Euros. Desistimos y regresamos al interior de la estación buscando alguna alternativa.
Un chico muy joven, con aspecto universitario, se nos acercó. Tragó saliva y en su mejor inglés, pronunció la primera frase con sujeto y predicado que escuchamos durante todo nuestro viaje. Do you need help? Nos miramos incrédulos antes de abalanzarnos sobre él casi abrazándolo, al entender que teníamos frente a nosotros nuestro salvavidas. Después de entender cual era el problema y habiendo hablado con la mujer que nos denegó los billetes nos dijo: No bus today. Tomorrow! Sin pararnos a entender las limitaciones idiomáticas del pobre chico, nos lanzamó desbocados hacia él con un millar de preguntas. Se obturó. Bajó la cabeza, creo que con vergüenza por no poder hablar más en inglés y se marchó pensativo. Pero dos minutos depués se plantó de nuevo ante nosotros, con sonrisa en la cara y su móvil en la mano. Se había descargado la famosa app traductora. Teníamos tiempo y él también. El móvil fue pasando de su mano a la nuestra hasta que entendimos qué posibilidades teníamos de llegar a ese lugar, que era bastante inaccesible, sin perder días en el intento.
Wang, que así se llama el chico, nos propuso coger un autobús diferente esa misma tarde, hacia su pueblo y de allí poder llegar a otro lugar que tiene una conexión diaria con Wutaishan.Y así hicimos. Durante más de 6 horas nuestro autobús se dirigió hacia un lugar desconocido para nosotros. Wang, hablando constantemente con el conductor, empezó a ponerse nervioso. El autobús no paraba donde él pensaba. Llegados a ese punto, la conversación y el problema se hizo público entre todos los pasajeros y su solución se resolvió entre todos. Wang al cabo de 7 horas nos hizo gestos de bajar en una carretera no muy transitada. Allí nos presentó a dos pasajeras que viajaban con nosotros y utilizando la aplicación nos dijo que ellas iban en la dirección correcta y que a partir de ahí, nuestras guías iban a ser ellas. Subimos a otro autobús del cual bajamos 40 minutos más tarde. Sin saber dónde estábamos esas mujeres nos entregaron a otro viajero y volvimos a subir a otro autobús que esta vez sí nos dejó en la población idónea para atacar nuestro destino. Allí nos esperaba Cheng, mejor amigo de Wang, que, armado con su aplicación nos hizo de cicerone y guía durante los dos siguientes días.
Llegados a Sand River, así se llamaba el lugar, buscamos pensión y un sitio donde cenar. El calor desapareció y la brisa nocturna nos hizo visitar ese pueblo de 150.000 habitantes ( ellos lo llaman pueblo) que estaba formado por dos calles de tres carriles paralelas con la plaza mayor en medio. Nos sentamos en uno de los bancos más apartados de la plaza para poder observar discretamente lo que allí acontecía.
Parecía que todas las familizas con hijos del lugar, se reunían en la plaza al atardecer para compartir multitud de actividades. Al fondo se veían hasta cuatro grupos de personas jugando al bádmington. Más allá 6 mesas de ping pong en plena competición. A nuestra izquierda unos bafles gigantes daban el compás para que unas 60 personas ensayasen pasos de baile no muy estéticos la verdad.
Con una sonrisa en la boca contemplábamos la vida y ocio de ese lugar que aún no situábamos en el mapa. Hasta que un bailarín que ensayaba un paso de tango con su pareja nos vió. Entornanado aún más sus ojos semicerrados asiáticos se convenció de su primera impresión. Había dos blancos, sentados que los observaban. Gritó señalándonos lo que provocó que todo se paralizase en cuestión de segundos. Nuestra posición en la semipenumbra ya no nos protegía más. Un primer grupo se acercó hacia nosotros y al comprobar que una pareja de turistas los estaba observando se abalanzaron hacia nosotros. Lo que pasó entonces es uno de los recuerdos más inverosímiles y divertidos de nuestro viaje.
Se formó una fila ordenada de personas: familias con bebés, ancianos, taxistas etc… que aguardaban pacientemente poder fotografiarse con nosotros. Durante la hora siguiente fuimos personajes centrales de más de 200 selfies y fotografías de familia. Calculo que tuve entre mis brazos unos 50 bebés. Ana tuvo que fotografiarse de pié al lado de muchas mujeres para poder mostrar su altura y porte europeo. Regresamos a nuestro hotel riendo. Qué placer da viajar de verdad. Improvisando y aceptando todo lo que implica eso.
A la mañana siguiente no reunimos con Cheng y nos dirigimos en un minibús hacia Wutaishan.
Parecía el campo base de una ciudad del Nepal en la que descansar antes de atacar el Everest. Miles de tiendecitas con merchandising budista, restaurantes, coches, barro, grupos de gentes desorientadas, grupos chinos turísticos con banderines multicromáticos. Pagamos nuestro ticket de acceso a los templos, compramos 4 litros de agua y nos dirigimos hacia las escaleras de acceso al templo central. Nos situamos en una nueva fila humana para atacar los 600 escalones divididos en 5 tramos que nos llevarían hasta la cima del monte, puerta de entrada del templo. Subíamos resollando y sudando sin parar. Cuando en un momento de no poder más íbamos a proferir algún insulto…nos vimos adelantados por hombres y mujeres, armados con rodilleras y guantes blancos, que cada tres escalones se arrodillaban, se extendían todo lo que podían, rezando a Buda. Eran peregrinos que venían a cumplir una promesa en ese lugar sagrado. Obviamente dejamos de quejarnos en lo que quedaba de subida, al ver semejante esfuerzo de fé y de convicción. Arriba el templo que albergaba los 5 dioses nos esperaba. Después, visita de otros tantos templos y vuelta al hotel para descansar.

 

Capítulo 5: La importancia de la comunicación.

De SandRiver a Taiyuan en bus y de allí, en tren bala, dirección a Pingyao, nuestro nuevo destino.
Pingyao es una pequeña ciudad china en la provincia de Shanxi que se fundó en el siglo XIV y mantiene buena parte de la arquitectura original de las épocas Ming y Qing. El casco antiguo está rodeado por una muralla de 6 km de longitud y 12 m de altura con seis puertas y unas setenta torres de vigilancia. La Ciudad vieja de Pingyao fue declarada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1997. Es seguramente la ciudad antigua mejor preservada de toda China.
Encontramos habitación en una casa de más de 300 años regentada por dos hermanos y la mujer de uno de ellos. Nos acogieron entusiasmados y se convirtieron en nuestra nueva familia en China. Lo que iba a ser una parada más en nuestro viaje se convirtió en una experiencia humana. Compartimos con ellos, desayunos, tés de sobremesa, cenas, excursiones, risas. Hablamos de todo. Compartimos vivencias y relatos que parecían del Romanticismo. Y todo ello gracias a la tecnología. Muy a nuestro pesar reconocimos que gracias a un smartphone y la conexión a internet, un viaje de aventura, también puede convertirse en un viaje existencial. La tecnología utilizada para traducir del Chino Mandarín al Castellano o al inglés daba también para reir sin parar. Un par de ejemplos: Al preguntarle a uno de los 2 hermanos donde estaba su mujer….El traductor respondió: Mi mujer está sangrando. Una mala entonación y el hilo podía perderse de forma impredecible. Otro más: Al ver que salíamos a cenar fuera y que iba a llover, el traductor nos dijo: ¿Vais así vestidos? El linaje lo es todo…!
Si hasta ese momento nuestro viaje discurría pendiente de lo que veíamos, comíamos y vivíamos, Pingyao nos permitió entender cómo son y piensan los Chinos o una parte de ellos.
Es una cultura diametralmente opuesta a la nuestra pero a la vez, con multitud de parecido a las conductas de vida que tenemos en Europa del sur. Les encanta comer, tapear, beber cervecitas en una terraza. Se juntan en grupos grandes que van y vienen. Se ríen, cuentan chistes entre bocanadas de humo. Son abiertos y sociales. Nuestro sentido del humor, a pesar de los errores puntuales de la app, era correspondido por grandes risas y chistes en chino.
Pingyao nos demostró una vez más, que el ser humano, poco importa de donde sea, es un ser que en su interior alberga y aporta ganas de vivir, de descubrir y de compartir.

Capítulo 6: El poder.

3 horas en tren bala hacia Xi An a un promedio de 241 km/h.
Calor abrasador. Más de 35 grados y una humedad indescriptible. Cansados y acalorados nos dirigimos en metro los más rápidamente posible hacia las pensiones que se encuentran intramuros.
Xi an es una ciudad próspera y moderna pero con una historia pasada que la hace diferente a cualquier otra. Fue capital del imperio durante varias dinastías, parada final de la ruta de la seda y, en especial, el lugar elegido por Qin Shi Huang para construir su panteón resguardado por los tan famosos Guerreros de Terracota.
Allí nos dirigimos a la mañana siguiente, después de darnos cuenta de que en Xian hay dos estaciones de tren. Obviamente nos dirigimos a la que no tocaba en primer lugar. Dos buses de línea nos llevaron hasta la estación vieja en la que tomamos un bus local que nos dejó, una hora después, a las puertas del sitio arqueológico más importante del último siglo. Qin Shi Huang, emperador todopoderoso, hizo levantar en un lugar repleto de pastos y protegido por una cadena montañosa, un panteón nunca antes imaginado. Los guerreros, diferenciados por rangos, armaduras y armamentos, carruajes, de talla humana y con rasgos únicos vigilan ese espacio de ultratumba. Los Guerreros de Xia An nos hacen entender el asombroso Poder de la antigua China y también quizás, las bases fundacionales y “genéticas” del poder de la China actual. Produce pensarlo una dualidad entre la admiración y el pavor. China es admirable por infinidad de razones y a la vez, son estos mismos motivos los que la hacen temible en el mundo actual.
Ser un gran Emperador del mundo civilizado, a pesar de que la revolución de Mao los eliminó, forma parte del código genético del nuevo socialismo Chino, como lo llaman ellos. Los Guerreros de Terracota de Xian son visitados diariamente por centenares de miles de ciudadanos Chinos que vislumbran casi por primera vez, el Poder que tuvo China y que aún sigue vivo. Ellos son el nuevo ejército de terracota.

 

Capítulo 7: Consejos prácticos.

De vuelta a Shanghai, esta vez en avión ya que nos encontrábamos a miles de kilómetros, para reunirnos con el grupo de Chefs de BarryCallebaut que celebraban su reunión técnica y creativa anual. Las vacaciones se habían terminado.
Antes de empezar nuestro cometido pudimos volver a disfrutar de una bañera de agua caliente y de otros detalles que no valoramos en nuestra vida diaria, pero que se echan de menos cuando viajas por otros países.

Cosas prácticas antes de empezar un viaje por China:

1- El papel higiénico.
China tiene lavabos públicos y gratuitos repartidos estratégicamente por todos los sitios inimaginables. Eso es fantástico porque aún en caso de apretón por una mala digestión… habrá un váter público a menos de 100 metros seguro.
Problema: No hay papel. El papel higiénico es cosa del usuario. Así que, como obviamente nos pasó el primer día, no llevar papel encima puede ser horrible.
también conviene saber que los váteres son tipo agujero en el suelo, así que practicar sentarse de cuclillas y arremangarse bien no está de más.

2- El dinero.
Dos posibilidades recomendables para no vivir la situación por la que pasamos son: Cambiar el dinero en nuestro país o cambiarlo después de pasar el control de aduanas, en el mismo aeropuerto. No existen las casas de cambio en China. Las tarjetas Visa y Mastercard se pueden utilizar aunque la comisión que se paga por ello es altísima. Conviene llevar el dinero cash que estimamos gastar encima. También mencionar que en China casi nadie utiliza el dinero cash y aún menos las tarjetas de crédito. Todo pago se realiza mediante códigos QR y una aplicación de móvil. hasta para comprar un helado en un puesto ambulante.

3- Las aplicaciones.
En China todo lo que huela a EEUU suele estar censurado excepto los starbucks y McDonalds. No funciona googlemaps, ni Facebook ni Instagram, ni gmail… La solución es descargarse en el móvil antes de emprender el viaje un VPN que nos permitirá engañar las herramientas de bloqueo en China.
El tan comentado y apreciado traductor de voz y texto es también indispensable.

4- El desodorante.
Parece una tontería. Pero no existe, o como mínimo no lo hemos encontrado en China.
Con una media de 30 grados en verano y unas 7 – 8 horas de caminata diaria, al menos para nosotros, no llevarlo fue a veces desagradable por razones obvias. Cada vez que entrábamos en una tienda buscándolo y hacíamos el gesto de olernos con mala cara los sobacos, los tenderos chinos nos ofrecían un ambientador de casa…. Así que si tienes problemas de sudoración, llévate contigo un rollon,

5- La comida.
Conviene practicar en cuanto antes cómo pedir comida no picante. Aún así en muchos casos será misión imposible acabar con los tan apreciados chiles rojos. También aprender a pronunciar, pollo, fruta, verdura, etc…nos ayudará a la hora de elegir entre los centenares de platos incomprensibles que nos ofrecen las cartas en los restaurantes. Aún recuerdo la cara atónita y de espanto de la gente de un restaurante al verme imitar los movimientos y sonidos de un pato. Me sirvieron algo que no había portado plumas jamás.

6- Aprender a contar con la mano.
Si bien contar del uno al cinco con la mano es bastante parecido entre nuestras dos culturas, a partir del 6 la cosa se complica. Todo se hace con una sola mano. Así que mostrar una mano completamente abierta y la otra con el pulgar levantado en China no sólo no significa nada sino que provoca a veces situaciones de incomprensión que no se solucionan fácilmente. Un ejemplo: el 6 se traduce en una mano con el índice y el pulgar haciendo “cuernos” o el diez es el puño cerrado.

Nada más. Os dejamos deseándoos buen viaje si os animáis a emprender una pequeña aventura que seguro no os dejará indiferentes.

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