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“Esto es Birmania, un lugar como ningún otro conocido”

“Esto es Birmania, un lugar como ningún otro conocido”

Rudyard Kipling, autor de “El libro de la selva” escribió; “Esto es Birmania, un lugar como ningún otro conocido”.
George Owell, autor de “1984” escribió ; “Eran solo las ocho y media, pero del mes de abril, y la pesadez en el aire ya anunciaba las largas y sofocantes horas del mediodía. Los débiles e infrecuentes soplos de aire, frescos en comparación, agitaban las recien regadas orquídeas que colgaban del alero. Más allá de las orquídeas se podía contemplar el curvo y polvoriento tronco de una palmera contra un cielo de brillante azul marino. En las alturas, tan alto que deslumbraba dirigir la vista hacia ellos, algunos buitres describían círculos en el aire sin apenas agitar sus alas”.
Hiroji Kubota, fotógrafo perteneciente a la agencia Magnum Photos, dijo que fue el alma de su abuela muerta esa misma primavera la que le guió hasta Kyaiktiyo donde se encuentra la roca dorada, para contemplar y fotografiar la escena sublime de unos monjes rezando muy serios frente a la gran roca , bajo un cielo azul. Dijo; “Me enamoré perdidamente del pueblo birmano, siempre amable y generoso, a pesar de sus penurias. Este carácter envidiable me resulta muy extraño , hasta que me di cuenta de que era su fe la que les hacía ser así”.

Autorretrato en Bagan.

Steve Mc Curry, también fotógrafo de la agencia Magnum Photos, se acercó diez veces a la pagoda de Kyaiktiyo, en Myanmar, para captar un instante único en el lugar de peregrinación budista. La clave para que una imagen sea inolvidable, dijo; “la paciencia, la espontaneidad y un estado de apertura constante”.
Nosotros con 24 días de libertad por Myanmar, sin planes , ni rutas, solo huyendo en la medida de lo posible de las grandes lluvias y dejándonos guiar por los local bus y los comentarios de la gente que nos encontramos.
Disfrutamos del país cruzándonos con lo mismo que ellos vieron y sintieron; orquídeas colgadas, pesadez del aire, calor sofocante, palmeras, cielo azul, monjes rezando, gente amable, fe, pagodas y templos, aunque esta vez se respiraba algo más de libertad. Aunque no toda.
Las libretas, los apuntes, las diapositivas, los negativos y las cámaras viajaron con todos ellos. Con nosotros Leica M y su discreción. Seguimos inquietos como en otros viajes, nos gusta movernos.
Myanmar , ¿cómo no enamorarse?.

Shwedagon Pagoda. Yangon

Shwedagon Pagoda. Yangon

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