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LAMPEDUSA

Lampedusa es la más grande de las islas del archipiélago de las Pelagias en el mar Mediterráneo. Se encuentra a 205 km. de Sicilia y a 113 km de Túnez siendo el territorio italiano ubicado más al sur. Política y administrativamente pertenece a Italia, pero geográficamente pertenece a África ya que el lecho marino entre ambos no excede los 120 metros de profundidad.

Si mandara el lecho marino sobre la burocracia legal nadie intentaría llegar allí, la evitarían ya que sería como llegar al lugar del que huyen.  En cambio pertenece a Europa. Según unas leyes escritas en un papel en algún despacho sus 20 km² nos pertenecen, a ellos nos agarramos con uñas y dientes y marcamos con nuestras leyes, unas leyes muchas veces estúpidas, inútiles, arcaicas y redactadas por alguien  muy lejos de Lampedusa y sus 20 km² de tierra. Una de esas leyes castiga a quien ayuda a inmigrantes que intentan llegar a las costas. Cuando leo esto me vienen tantas preguntas a la cabeza, ¿si fuera yo la que nado a la deriva por aguas mediterráneas? ¿me auspiciaría algún pescador que me viera desde su barco? ¿distinguiría la nacionalidad de mi pasaporte y mi huella dactilar impresa en él?? …  y me turba, me deja descolocada, desolada y con ganas de renunciar a mi color, pasaporte, privilegios conseguidos por nacer aquí, objetos acumulados, tierras heredadas, agua potable, comida en exceso en la nevera, envases, contenedores de reciclaje, calles asfaltadas, transportes seguros, vida segura.

Y en días así comprendo aún menos el lugar al que pertenezco. Y me dan ganas de borrarme, de correr hacia el sur y que sean ellos, los muertos en el fondo del mar o sus vivos en tierras áridas, los que me expliquen el porqué de tantas cosas.

Hoy he sabido que los muertos en ese mar serán enterrados en esa tierra con nacionalidad Europea, en cambio los vivos serán criminalizados, castigados. Y me vuelvo a preguntar ¿necesita Europa muertos africanos y por ello les da pasaporte?, y si así es ¿por qué no necesita a los vivos con tanto que tienen para enseñarnos?,  y vuelvo a intentar imaginar en que despacho y bajo que forma humana se ha llegado a esa conclusión, me dan ganas de buscarlo y presentarme allí, sentarme frente a él o ellos y observarles, ¿como será su despacho, su ropa, su mente, qué lámina colgará de su pared? ¿habrá viajado él o su grupo alguna vez a África? si lo ha hecho probablemente sea ese tanto por cien de gente blanca que ves pasearse por tierras del sur del mundo en coches cerrados y antenas con gps, blancos a los que prefieres no mirar a la cara cuando te los cruzas por la calle por vergüenza, por espanto de saber que si me preguntan ¿de donde vienes? tengo que decir que pertenezco a su misma frontera.

África se sigue ahogando en nuestras tierras, su barco reposa en un suelo oceánico que no es europeo sino africano, en cambio sus muertos tienen pasaporte de aquí, tiene gracia, ¿¿como se da la nacionalidad a un muerto?? de que sirve un pasaporte sin huella dactilar , foto carnet, ni cuños de otros lugares. Pasaportes fantasmas que Europa sigue acumulando por ese miedo al extranjero, esa lentitud burocrática y esa pasividad a los problemas del otro, del que no nos sentimos identificados.

Leí ayer que una mujer que sobrevivió dijo que eran eritreos y recuerdo las caras de los etíopes mirando fijamente a mi cámara, siempre rectos sin sillas, siempre con paso firme sin zapatos, robustos y fuertes sin casi alimentos y con una mirada que te cuenta mil historias y no te cuestiona ni recrimina nada. Y también pienso en sus fronteras… hasta 1993 Eritrea y Etiopía eran un solo país  … y te vuelve a dar risa, llanto, rabia y pavor el límite de las fronteras.

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