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El Perro de Goya

Año 1991, examen de selectividad, sentada en un escritorio frente a varios folios grapados, textos, fotos en blanco y negro, y preguntas aún sin respuesta. Selectividad, examen de Historia del Arte, fotocopias en blanco y negro. Una pregunta sin tan siquiera signos de interrogación: Perro semihundido. ¿Quién veía un perro allí, en un folio medio arrugado, fotocopia en blanco y negro de principios de los 90?. ¿Son ahora los exámenes de selectividad en blanco y negro o a todo color?.
Año 2014, San Juan de Lurigancho, el distrito más poblado de Perú y de América del Sur, aquí viven más de un millón de habitantes, unos pegados a otros, las familias usan dinamita para allanar terrenos y construir lo que será su casa desprovista de luz o agua. Frente a nosotros la puerta de una granja porcina, sí, uno de todos estos restos de palés, y maderas apiladas es la entrada. Detrás, cerdos, alimento de la gente.
De un golpe de vista lo veo a nuestra derecha. Ya sea por la fascinación que provoca en nosotros un lugar así, o por la emotividad, me había pasado desapercibido. Ahora sale a escena para provocar una punzada en pleno rostro, y me hace viajar a ese momento hace 23 años en el que tampoco veía al perro aunque lo tenía frente a mí.
En 1991 era una mancha difusa entre blancos, negros y mil gamas de grises, asomando la cabeza a duras penas. En 2014 adquiere una capacidad camaleónica para confundirse con el paisaje. Esta vez el no verlo no es debido a una mala copia en blanco y negro de un cuadro, esta vez es la realidad y la posible evolución darwiniana de amoldarse a un lugar.
En El Perro que vi en 1991, Goya ideó y materializó las llamadas Pinturas Negras, en alusión a su colorido oscuro y la atmósfera angustiosa que transmitían. Se trataba de pinturas lúgubres, opresivas y de formas distorsionadas, un mundo de alucinación que se abría al abismo de los demonios interiores del propio Goya.
El Perro que veo en 2014, es real, mimetizado entre ruedas, rocas, plásticos y restos de un mobiliario usado. Su colorido oscuro y la atmósfera también transmiten angustia, solo que aquí la imagen figurativa no forma parte del mundo alucinatorio de un pintor, no habla de demonios interiores, es la vida misma.
Es San Juan de Lurigancho.

©Goya. Perro Semihundido.

Fotografía ©IvoRovira-AnaPonce

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